La OMC tiene tres funciones:
a)Es un conjunto de acuerdos internacionales que regulan el comercio internacional
b)Es un foro de negociaciones para la liberalización progresiva del comercio internacional
c)Es un ámbito donde los países miembros pueden resolver sus controversias comerciales
Las negociaciones por la liberalización del comercio se dan en lo que se llaman “Rondas” de negociación. La OMC sufrió un fuerte embate por parte de las organizaciones sociales y sindicales en la reunión de ministros de comercio en Seattle, en 1999, cuando se pretendió lanzar una nueva ronda de negociaciones. Pero la OMC fracasó. Se necesitó un clima de terror como el posterior a los atentados del 11 de septiembre para poder iniciar una ronda de negociaciones. Así fue como nació la actualmente vigente Ronda de Doha, en 2001.
Dentro de los temas que se negocian en la Ronda de Doha, hay tres principales:
1. Agricultura
2. Acceso a mercados no agrícolas y bienes industriales
(también llamado “NAMA”, por sus siglas en inglés)
3. Servicios
Hasta el momento, las tres agendas de la negociación se desarrollan por separado. Y hasta que no se llegue a un acuerdo en todas las agendas, no habrá un acuerdo macro para cerrar la Ronda de Doha.
Esta es precisamente la presión: la Ronda de Doha debía terminar antes de mediados de 2007, cuando terminaba la autorización del Congreso de EEUU para el Presidente Bush para que pudiera negociar acuerdos comerciales sin necesidad de su revisión legislativa (autorización llamada “fast track”). Pero hay contradicciones dentro de las negociaciones entre algunos países desarrollados (PD) y países en desarrollo (PED), y fuera de ellas entre la OMC y los movimientos sociales y sindicales que se oponen a sus reuniones al libre comercio.
La Ronda de Doha he tenido varios tropiezos. Primero en la Reunión Ministerial de Cancún, en 2003, donde no se pudo llegar a un acuerdo final. En la Ministerial de Hong Kong, en 2005, sí se llegó a un acuerdo, pero fue mínimo. Pero eso le dio aire como ara continuar negociando. A mediados de 2006 las negociaciones se suspendieron por las contradicciones hacia adentro de las negociaciones. Eso retrasó toda la agenda de la Ronda, y no pudo finalizarse durante 2007. En 2008 hubo varios intentos por el Secretario de la OMC, el francés Pascal Lamy, de reactivar el proceso. Para eso hizo reuniones “mini-ministeriales” entre algunos países miembros. Estas reuniones son criticadas por ser completamente antidemocráticas, en donde la presión sobre los países se hace mostrar para poder arribar a acuerdos para nada consensuados (la OMC dice que funciona mediante el mecanismo del consenso).
En las Ministeriales están presentes los 153 países, deberían hacerse cada dos años, pero la última se hizo en Hong Kong en 2005 (eso demuestra las dificultades que ha habido de poder avanzar para un acuerdo y finalizar con éxito la Ronda de Doha). No obstante, dentro de las Ministeriales suelen haber las reuniones “de sala verde” (green rooms) que se hacen en el despacho del Secretario de la OMC, entre algunas delegaciones de países elegidas para “destrabar” problemas para llegar a acuerdos. De estas reuniones no se llevan actas, no hay registros de lo que se habla, y generalmente participan los EEUU y la UE con algún país en desarrollo, que es quien recibe las presiones del caso para que se encolumne en caso de algún problema.
Con estos mecanismos, priman los intereses de los países desarrollados, pero en particular de las empresas transnacionales, sobre los intereses de la clase trabajadora. Esa es la crítica de fondo que el movimiento sindical y los movimientos sociales le hacen a la OMC y a los acuerdos de libre comercio a nivel mundial.
Actualización de las negociaciones
Desde 2008 y lo que va del 2009 las negociaciones de la Ronda de Doha se movieron muy poco. Principalmente porque las agendas de Agricultura y de NAMA han sido los principales puntos problemáticos para llegar a un acuerdo.
En Agricultura, los PD están en contra de abrir sus mercados, que están fuertemente protegidos por subsidios y ayudas internas.
Existen distintas alianzas de países dentro de la agenda de Agricultura. Por un lado están los PD fuertemente abroquelados. Luego están los países agroexportadores: el G-20, en donde están Argentina, Brasil, India, Sudáfrica. También está el G-33, con China, Venezuela, Bolivia, Filipinas, y también India. Al margen de éstos, está el G-90 que agrupa a los países más pobres, casi todos africanos. Por ende, no hay solamente contradicciones entre PD y PED, sino que dentro de los propios PED tampoco hay un bloque monolítico. Básicamente es porque los intereses son distintos: muchos de los productos que el G-20 quiere liberalizar son productos de principal interés para las pequeñas producciones familiares de los países del G-33, que piden mecanismos de protección para la agricultura pequeña y familiar.
En la agenda de NAMA la historia es distinta. Ahí los bloques enfrentados sí son dos: los PD y el llamado “NAMA 11”, liderado por Argentina y Venezuela (que aunque no están de acuerdo en Agricultura, sí suelen estarlo sobre bienes industriales). Dentro del NAMA 11 también solían estar India, Sudáfrica y Brasil.
Durante 2008 hubo “mini-ministeriales” y presiones en Ginebra (lugar donde está la OMC) para tratar de romper el bloque de NAMA 11. Y este intento tuvo relativo éxito. Las negociaciones han sido muy técnicas (muchas de estas cuestiones han sido expuestas en una primera reunión del Equipo Federal, por lo que no se insistirá en ello ahora por razones de espacio). Pero los resultados políticos han sido que Brasil se fue abriendo de la posición original del NAMA 11. Pese a que los negociadores argentinos hablen aún de una “posición MERCOSUR”, lo cierto es que Brasil ha estado negociando posiciones con los PD en forma unilateral.
Argentina ha quedado muy sola dentro de la agenda de NAMA, y el NAMA 11 bastante debilitado, lo cual complica el escenario para lograr boicotear la Ronda de Doha “desde adentro”.
Lo que hasta el momento impidió que la Ronda de Doha se resolviese con un acuerdo, fue la fuerte posición de India en contra principalmente de la posición de los PD en Agricultura. La agenda de NAMA también favoreció para generar un clima de “ruptura de consenso” para que la OMC pudiera avanzar. Pero las discrepancias entre India y los EEUU ocuparon las primeras planas de los diarios especializados.
La semana pasada se reunieron los ministros de cerca de 35 países en Nueva Delhi, India, en una “mini-ministerial” que excluyó deliberadamente a cerca de 120 países miembros de la OMC. De esta reunión se salió con la decisión de intensificar las negociaciones de la Ronda de Doha a partir de la semana del 14 de septiembre de 2009, de cara a hacer una Conferencia Ministerial en Ginebra del 30 de noviembre al 2 de diciembre de este año. De este modo, se rompería el impasse que viene habiendo en las negociaciones de la OMC desde julio de 2008, más allá de los lobbies. La idea es finalizar la Ronda de Doha con un acuerdo para el 2010.
Con la crisis mundial de mediados del año pasado para acá, se han fortalecido las ideas y las instituciones a las que, precisamente, se las podía acusar de responsables de la crisis. En la Cumbre del G-20 en Londres (en la que participó Argentina) se resolvió, además de fortalecer al FMI, acordar finalizar con éxito la Ronda de Doha. Las reuniones “mini-ministeriales” como la de Nueva Delhi y la reactivación de las negociaciones son efecto de estas decisiones.
Antes de la Ministerial de Ginebra de fines de noviembre, habría dos momentos en donde podrían acercarse las posiciones de los principales países de la Ronda (EEUU, la UE, Brasil, India, China): una son las conversaciones que empiezan hoy en Ginebra. El otro momento es la próxima Cumbre del G-20 que se hará el 24 y 25 de septiembre en Pittsburgh, EEUU. Esas instancias previas servirán para buscar un “momentum”, un ánimo de resolver o no la cuestión. Pero sin dudas el momento clave será en Ginebra del 30 de noviembre al 2 de diciembre.
Hay algunos datos que son clave para entender las dificultades a las que las transnacionales y los PD deben enfrentar hoy para lograr un avance en el libre comercio.
1) El fast track de EEUU terminó en julio de 2007 y no ha sido renovado. Esto despierta una fuerte desconfianza en las negociaciones, porque todo lo que EEUU firme tendrá que ser revisado y aprobado luego por su propio Congreso. Esto general una alta desconfianza en las negociaciones de la OMC, por temor a que todo lo que EEUU se comprometa hoy, lo vete su Congreso mañana, con lo que Argentina –por ejemplo- podría quedar obligada ante la OMC a acuerdos que los EEUU no...
2) Hace muy poco el Congreso de EEUU aprobó el “acta TRADE” (ley de Reforma Comercial, Credibilidad, Desarrollo y Empleo) mediante la cual le brinda al Congreso el espacio suficiente como para revisar los actuales acuerdos comerciales, incluidos los TLC, y al mismo tiempo requiere que se priorice la implementación de los derechos humanos y acuerdos medioambientales. Políticamente sería algo a la inversa del fast track: le da al Congreso mucha potestad para revisar y firmar acuerdos comerciales. Esto es un reflejo que confirma el creciente escepticismo que las políticas de libre comercio han tenido en EEUU.
3) El Presidente Obama aún no ha elegido a su representante ante la OMC. Se estima que sea un viejo funcionario de la administración de Bill Clinton (que favoreció mucho las negociaciones), pero aún no hay nada hecho oficialmente. Esta demora es una mala señal para un apoyo norteamericano a la OMC.
4) Se ha avanzado mucho en los últimos años con los TLC bilaterales, tanto por EEUU como por la UE (los “AdA”, acuerdos de asociación que contienen un capítulo de liberalización comercial).
5) Está previsto que la crisis económica continúe. En ese marco, se calcula que un 10% del comercio mundial bajará solamente en el 2009 (recientemente salió el informe sobre comercio de la OMC, cuyo resumen se adjunta al presente informe). Sin embargo, el discurso librecambista aprovecha la ocasión: intenta forzar un acuerdo en la Ronda de Doha de la OMC como herramienta para salir de las “tres crisis” (la crisis financiera, la energética y la alimentaria. No hay una visión de conjunto de que la crisis que se vive es una crisis sistémica, ni mucho menos...).
6) Este panorama complejo pone en tela de juicio a la OMC como “organización activa” de la globalización. Sin un acuerdo en la Ronda de Doha, sin autorizaciones ni impulso político de los principales actores, hay un temor por parte de las transnacionales de que la OMC se esté encaminando a ser una institución irrelevante y burocrática. ¡Por eso los neoliberales intentan a toda costa evitar el fracaso de la Ronda de Doha!
La estrategia de las organizaciones sociales
La CTA ha venido trabajando desde hace 4 años en una red llamada OWINFS (siglas en inglés de la frase “Nuestro Mundo No Está En Venta”), de la que participan también organizaciones amigas, como ATTAC.
Dentro de la red OWINFS se abrieron dos grupos sindicales: el “Grupo NAMA 11” (en donde se incluyeron a las centrales sindicales de los países miembros del grupo NAMA 11, con un objetivo explícito de apoyo a los gobiernos de ese grupo. En él participa la CGT de Argentina) y el “Grupo Sindicatos OMC” (que nuclea a las centrales sindicales de Latinoamérica, con el objetivo de un seguimiento crítico de las negociaciones en su conjunto, pero con principal hincapié en el tema de bienes industriales o NAMA. Aquí participa la CTA).
La estrategia de la red ha sido la de boicotear desde adentro y desde afuera las negociaciones. La red está compuesta por organizaciones muy diversas, algunas de las cuales simplemente desean que la Ronda de Doha termine sin éxito, y otras que desean en cierre definitivo de la OMC como una de las organizaciones responsables del impulso de la globalización neoliberal.
Dentro de las estrategias “desde adentro” están los lobbies en Ginebra, la participación en las Ministeriales, las presiones a los gobiernos locales en las capitales y el seguimiento contínuo de las negociaciones de la OMC. Pero también la participación ha sido “desde afuera”, organizando contra-Cumbres y difundiendo estos temas que están tan alejados de los trabajadores/as y que sin embargo tanto efecto tienen sobre la cotidianeidad de sus vidas.
En resumen:
1) Los temas en las agendas de la Ronda de Doha están interconectados, y la OMC es parte de un sistema institucional más grande que da soporte a la globalización neoliberal capitalista (OMC, BM, FMI, etc.).
2) Venimos haciendo un seguimiento crítico al proceso de negociaciones. La aparición del “NAMA-11” ha sido saludable para contrapesar la “posición única” de los países desarrollados. Pero incluso esa “mejor oferta” del NAMA-11 no sería tampoco suficiente para resguardar a los sectores afectados por la rebaja de aranceles y el avance del libre comercio.
3) La apertura que se negocia en NAMA puede afectar las políticas de industrialización, la diversificación de la producción y los niveles de empleo. Hacen falta estudios que relacionen cuantitativamente aranceles y empleo.
4) En Agricultura, la posición argentina dentro del G-20 es compatible con los intereses del agronegocio y lejos está de los intereses de los productores campesinos.
5) En la agenda de Servicios, Argentina no ha mantenido posiciones muy fuertes. A diferencia de otros países como Bolivia o Venezuela, que se han retirado de las negociaciones sobre Servicios, Argentina no ha planteado estas cuestiones. Por ende, incurre en el riesgo de transar posiciones más duras de otras agendas a cambio de beneficios dentro de la agenda de Servicios. (Dentro de esta agenda se incluyen temas como la liberalización de la salud, la educación, los servicios financieros, la mercantilización del agua potable, entre muchos otros).
6) Hay contradicciones desde dentro de las negociaciones entre países desarrollados y países en desarrollo, pero también entre los países en desarrollo entre sí. Pero también lascontradicciones se dan entre las posiciones oficiales y los movimientos sociales de los diferentes países, organizaciones que presionan desde afuera.
7) Dentro de esta alianza de los movimientos sociales hay organizaciones que quieren la derrota de la Ronda de Doha y otras que quieren la disolución de la OMC. Ambas posiciones son entendibles, pues tienen argumentos válidos (la OMC puede convenir como mesa multilateral frente al unilateralismo de EEUU y la UE, pero ese unilateralismo esta con o sin la OMC hoy, siendo además que la OMC es el piso para toda negociación de libre comercio. Sin piso, las negociaciones tienen que ser iniciadas y planteadas desde cero y dependen de la coyuntura nacional y del momento político global, en laque el libre comercio está bastante cuestionado).
8) El libre comercio puede tomar varias formas. Tras el fracaso del ALCA la estrategia capitalista se centró en profundizar las negociaciones en la OMC y en la firma de los TLCs. También se vinculan en este tema los tratados bilaterales de inversión (TBIs) que habilitan demandas de las empresas transnacionales contra los Estados ante centros arbitrales como el CIADI.
9) Hay conexiones entre los temas de libre comercio con otros temas, como el cambio climático, que también están teniendo mucha vigencia en los foros multilaterales a nivel internacional (estilo Cumbres Presidenciales del G-20). Pero más allá de estas conexiones, no hay un planteo por alterar el modelo productivo y de consumo que sustenta el actual sistema capitalista.
10) El libre comercio no sólo viene por el empleo. Viene por la mercantilización de los distintos aspectos de la vida social, que afecta a los trabajadores/as no como actores de la sociedad civil solamente, sino además en términos de clase. La respuesta debe darse entonces en esos términos.
Fecha: 28/09/2009
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