Decididamente es urgente optar por otra arquitectura internacional y democrática. También conviene que las opciones sean anticapitalistas: rechazar la dictadura de los acreedores, expropiar los bancos sin indemnizaciones y ponerlos bajo control ciudadano, rechazar el pago de una deuda ilegítima, redistribuir, de forma radical, la riqueza.
Desde ATTAC Argentina – CADTM venimos sosteniendo que el G20 es un ámbito ilegitimo y antidemocrático, del cual sólo podemos esperar decisiones que favorezcan al capital trasnacional en detrimento de los pueblos del mundo. (leer todo).
Cuando se piensa en el funcionamiento de la economía, debe pensarse en términos de satisfacción de las necesidades sociales, que es el límite de las “racionalidades” que a veces la política le demanda a los actores sociales más desprotegidos.
El G20 discute la crisis de la economía mundial, que en la coyuntura se manifiesta con “la subida de los precios de las materias primas, el potencial sobrecalentamiento de las economías emergentes y los problemas de deuda soberana en los países avanzados” , para decirlo en el lenguaje del poder mundial.
Terminó la reunión del G20 en Seúl y tal como se esperaba, sin muchas precisiones con capacidad de incidir en la marcha de la economía mundial y sí, con incertidumbres sobre el futuro inmediato ante el desorden generado por la crisis mundial, que vuelve a ser amenazada por una sucesión de crisis nacionales que cambian periódicamente de escenarios, desde EEUU a Europa y viceversa. Ahora la novedad es Irlanda y en cualquier momento reaparecen en la escena de la crisis, España, Portugal o Italia, pero el resultado electoral negativo para los demócratas en EEUU puede deparar novedades de recidiva de la crisis en la primera economía del mundo.
La realidad es que el desorden está manifestado en la contradicción que surge de políticas nacionales aplicadas por los gobiernos para intentar erradicar los efectos de la crisis en su territorios y una crisis que tiene dimensiones sistémicas, integrales, que no admite paliativos parciales, locales, nacionales. En realidad, desafía a pensar en un nuevo orden económico y financiero mundial, que por lo resultados concretos de las deliberaciones del cónclave reunido en Corea del Sur, no da para expectativas esperanzadoras.
El presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo llegó a la Argentina para participar de un encuentro de economistas y cientistas sociales y sostiene la necesidad de regular el sistema financiero para dar otra salida a la crisis internacional.
Como en el caso de reuniones precedentes, la cumbre del G20 —un club privado en el que los más ricos del planeta invitan a los jefes de Estado de las principales potencias emergentes— se ha mostrado de nuevo rica en efectos publicitarios pero vacía de decisiones. Como en 2008 en Londres, y luego en 2009 en Pittsburg, las discusiones del G20 reunido en Toronto giraron alrededor de la salida de la crisis, pero siempre de una salida capitalista, favorable a los acreedores y a las grandes potencias.
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