El G20 discute la crisis de la economía mundial, que en la coyuntura se manifiesta con “la subida de los precios de las materias primas, el potencial sobrecalentamiento de las economías emergentes y los problemas de deuda soberana en los países avanzados” , para decirlo en el lenguaje del poder mundial.
Entre las herramientas de política económica no ortodoxa que se barajaron para ponerle un freno a la crisis financiera mundial volvió a aparecer la idea de aplicar un impuesto a los movimientos de capitales especulativos, la "tasa Tobin".
Este proyecto, ideado en los 70 por el economista y premio Nobel estadounidense James Tobin, fue retomado como consigna por los movimientos sociales antiglobalizadores a finales de los 90 y desestimado por el alto establishement hasta este año, cuando algunos de los líderes más conservadores del planeta lo reflotaron acosados por la recesión y el desastre bancario.
Brasil, como para agregarle un poroto más a su estatus de flamante potencia progresista emergente, hizo punta en la región y desde hace ya un par de meses decidió hacer pagar un impuesto a los "inversores golondrinas", esos que llegan a la búsqueda de la renta cortoplacista sin aspiraciones productivas. En Argentina el debate todavía no asoma.
Las discusiones en torno a la tasa Tobin relanzadas desde hace un año por la Association pour la taxation des transactions et l’aide aux citoyens (ATTAC), así como el interés que suscitan, demuestran que la necesidad de disponer de otra presentación de la economía y el deseo de actuar sobre ella están muy vivos entre los ciudadanos. La razón de esto es que el fiasco del sistema económico se muestra a la luz del día ya que el paro y la probeza crecen en el mundo y los ecosistemas están amenazados por poluciones de toda suerte. Un fiasco en el que la financiarización del capitalismo carga con una fuerte responsabilidad y ante el cual una tasación del movimiento de capitales sería, sin duda, necesaria, pero no suficiente. ¿Podemos quedarnos satisfechos con una nueva regulación del capitalismo que evitaría la transformación de las relaciones sociales?
En el preciso momento en que se derrumbaba el sistema monetario internacional surgido de los acuerdos de Bretton Woods, James Tobin, un profesor americano de la Universidad de Yale, imagina una herramienta de lucha contra la especulación financiera, denominada desde entonces "tasa Tobin" (Tobin Tax). En 1972, durante un coloquio, este universitario keynesiano, premio Nobel de Economía en 1981, presenta por primera vez su idea de crear un impuesto sobre todas las transacciones de cambio de divisas, "echando un grano de arena" en estos mecanismos, para desalentar "las especulaciones que hacen viaje de ida y vuelta en pocas semanas".
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