“Cinco siglos igual”, el saqueo continúa, el capitalismo mundial nos delega el rol de País exportador de productos primarios, nada cambió, el mismo Modelo que depreda el suelo, nos roba el agua y envenena nuestras vidas. Cambió sí, el ritmo y la cantidad de los productos que exportamos, las nuevas tecnologías y la maquinaria que se utilizan “extrae” con mayor velocidad y menor mano de obra y no permite reposición de los bienes naturales, como el suelo, el agua etc. Veremos cómo unos pocos se favorecen y muy muchos nos perjudicamos y también haremos propuestas para un cambio necesario de Modelo Productivo. Ojalá entendamos que nos espera un futuro de hambre, parecido al africano, si no reaccionamos a tiempo. El desafío principal es discutir un Modelo que defiende y quiere profundizar “el poder” (política de Estado) y aparentemente tiene aceptación de la mayoría. El “pensamiento único” es también compartido con la oposición; no hubo críticas valederas en sus campañas.
Las mujeres campesinas se han responsabilizado, durante siglos, de las tareas domésticas, del cuidado de las personas, de la alimentación de sus familias, del cultivo para el auto-consumo y la comercialización de algunos excedentes de sus huertas, cargando con el trabajo reproductivo, productivo y comunitario, y ocupando una esfera privada e invisible. En cambio, las principales transacciones económicas agrícolas han estado, tradicionalmente, llevadas a cabo por los hombres, en las ferias, con la compra y venta de animales, la comercialización de grandes cantidades de cereales... ocupando la esfera pública campesina.
La democracia socialista es un sistema vivo siempre y cuando disponga de lo más elemental, alimento propio. Los principios del trabajo con el ser humano derivados de la esencia del socialismo empiezan con la seguridad alimentaria.
El actual sistema alimentario mundial, con sus semillas de laboratorio y sus paquetes tecnológicos, no es capaz de alimentar a las personas. Este año más de mil millones de personas sufrirán hambre, y otros 500 millones sufrirán obesidad. Tres cuartas partes de quienes no tienen suficiente qué comer son campesinos y trabajadores rurales (los mismos que producen la comida), mientras un puñado de corporaciones agroindustriales (que deciden a dónde y a quién va el alimento) se embolsan miles de millones de dólares. Pese a su fracaso monumental, y a que enormes y crecientes movimientos sociales claman por un cambio, los gobiernos y las agencias internacionales del mundo siguen pujando por más de lo mismo: más agronegocios, más agricultura industrial, más globalización. El cambio climático en el planeta se recrudece, en gran medida, por seguir con el mismo modelo de agricultura. No emprender acciones significativas empeorará con rapidez esta intolerable situación. No obstante, en el movimiento global en pos de soberanía alimentaria hay una prometedora salida.
Barcelona, España, febrero (Especial de SEMlac).- La necesidad de frenar la sobre explotación del planeta y poner en práctica la iniciativa de los pueblos, denominada Soberanía Alimentaria, surgió aquí durante la presentación del libro Las mujeres alimentan el mundo.
Nunca fue tan abultado el número de personas que sufre hambre. Por primera vez en la historia afecta a más de 1.000 millones. ¿Entonces? Las consideraciones de Antonio Onorati, miembro del Comité Organizador de los Foros Paralelos a las Cumbres Mundiales sobre alimentación.
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